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En esta reflexión, la Lic. en Psicología María Alejandra de La Torre Zárate nos invita a redescubrir la humildad como una clave emocional y social. Un valor silencioso, pero transformador, capaz de fortalecer nuestras relaciones y construir una sociedad más empática. No te pierdas esta mirada profunda y necesaria.
«Para ser humilde se necesita grandeza»
Ernesto Sábato (1911-2011).- Escritor argentino
En tiempos de creciente polarización, competencia desmedida y exaltación del ego, la humildad se presenta como un valor esencial, muchas veces subestimado, pero profundamente necesario para el bienestar individual y colectivo. Desde una perspectiva psicológica, la humildad no solo es una virtud moral, sino también una habilidad emocional que permite construir relaciones más saludables, fomentar el entendimiento mutuo y promover una sociedad más empática.
¿Qué es la humildad desde la psicología?
La humildad no implica debilidad ni sumisión. Psicológicamente, se refiere a la capacidad de reconocer nuestras limitaciones sin menospreciarnos, de estar abiertos a aprender de otros, y de valorar tanto nuestros logros como los de los demás sin necesidad de autoengrandecimiento.
Investigaciones en psicología, como las de los doctores June Tangney y Everett Worthington, muestran que las personas humildes tienden a tener una autoestima más estable, mayor apertura a la crítica constructiva y una mayor disposición a perdonar. Estas características no solo fortalecen la salud mental individual, sino que mejoran la calidad de las relaciones interpersonales.

Humildad y empatía: un vínculo esencial
La humildad es una puerta de entrada a la empatía. Solo cuando dejamos de centrar nuestra atención en nosotros mismos podemos realmente escuchar y comprender al otro. El arrogante escucha para responder; el humilde escucha para entender. Esta diferencia marca el paso de una sociedad reactiva a una sociedad compasiva.
Una comunidad formada por individuos humildes está mejor equipada para resolver conflictos, cooperar y construir redes de apoyo. En el entorno educativo, la humildad permite que maestros y estudiantes aprendan mutuamente. En el ámbito laboral, fomenta líderes que inspiran en lugar de imponer. En las relaciones personales, permite vínculos más honestos y duraderos.


La humildad como herramienta de transformación social
En una cultura que premia el narcisismo y la autopromoción, cultivar la humildad puede parecer contracultural. Sin embargo, es precisamente esta actitud la que puede transformar nuestra manera de convivir. La humildad rompe con la lógica del “yo contra el otro” y propone una visión inclusiva, en la que todos tienen algo que enseñar y aprender.

Promover la humildad en la educación, en los medios y en la política no significa pedir silencio o conformismo, sino fomentar la reflexión, el respeto y la capacidad de reconocer el valor del otro. Una sociedad que enaltece la humildad es una sociedad que humaniza, que se aleja del juicio fácil y se acerca a la comprensión profunda.


La humildad es más que una virtud personal: es un pilar para una convivencia sana, empática y auténticamente humana. En palabras de C.S. Lewis, “la verdadera humildad no es pensar menos de ti mismo, sino pensar menos en ti mismo”. En ese cambio de foco —del yo al nosotros— reside el potencial transformador de este valor. Y en una época marcada por la fragmentación, la humildad puede ser la semilla de una nueva forma de comunidad
María Alejandra de La Torre Zárate
Psicóloga Clínica Sanitaria T01695
Directora Centro MATZ
Psicóloga Clínica Unidad de Servicios Psicológicos Universidad de La Laguna
