Verónica Messeguer, consejera nacionalista en el Cabildo, marcó y marca al actual pacto
CANARIAS EN PORTADA / Santa Cruz de Tenerife
Tenerife, cuantos crímenes se cometen en tu nombre. Años a que tres se sentaron como padres de la Iglesia y firmaron un pacto, un acuerdo, un gobierno para la Isla. Un avezado alcalde socialista del Sur, que no se creía lo que había hecho, un señor con pinta de oficinista y una dama revolucionaria, roja por fuera y roja por dentro. Un tripartito curioso: dos de ellos gobernarían y el tercero estaría con ellos pero sin áreas, una ventaja, que se traduciría en liberaciones, las de ellos, pero no las nuestras.
Y al fondo los derrotados, los malos de la película. Los que habían llevado hasta ese momento mágico, las riendas de ese gobierno insular. Nacionalistas, de todo pelaje, de toda condición, que habían sido comandados en ese momento por un chico eficiente, pero nada encantador, más bien todo lo contrario. Unos nacionalistas que gobernaban con quien podían y querían, socialistas o populares, tanto daba, aunque en una ocasión el pacto fue con el PP de Alarcó, ay que buenos resultados, que ya no se han dado, durante unas horas y luego con el PSC-PSOE, en una vuelta de tuerca, muy parecida a esa puñalada trapera que ahora los populares de Lope Afonso han cometido, dándole la respiración asistida a quien había sufrido un ictus de la mano de sus aliados naturales, por la izquierda claro.
Tomen nota. 2019. Año de la infamia para estas siglas, CC. Y año de esperanza para estas: PSC-PSOE, C,s, SIP. Y comenzó la fiesta. Una fiesta para todos los tinerfeños. Pero como todas las fiestas que aspiran a ser eternas, ésta se acabó demasiado pronto. El gobierno insular que se ha instaurado prometiendo el oro y no el moro, se ha hundido, ha fracasado, no ha logrado nada destacado, nada que invite a llevarlos a la historia.
Un gobierno que como decimos no tiene nada que ensalzar. Bueno sí. La destrucción de lo anterior, como el caso de Ansina, un asunto que ha dejado clavado en el ánimo de todos a la consejera más demoníaca de la historia del Cabildo, Marian Franquet, que profanó el pleno con esas mentiras, que por cierto dejaron a muchos en la calle, compuestos y sin trabajo.
Para este gobierno tan curioso, por su esquizofrenia, sobre todo por el lado de quienes apoyaban, pero por otro hacían oposición, más rabiosa incluso que la de los que la llevan en su naturaleza, por los votos claros, llega a sus últimos meses, vacío, sin logros, con la sensación de un quiero y no puedo. Con todo por hacer, con todo por cambiar. Sin que se diga que hayan marcado unas líneas que los hagan distintos, diferentes. Nada de eso se ha producido.
Y en medio de todo esto una voz que se alza en los plenos y donde puede mostrarla. Tiene nombres y apellidos: Verónica Messeguer. Ciertamente no ha buscado como otros, reconocimiento, que la señalen, queriendo méritos, medallas, si se puede decir de los que están en la bancada de la oposición.
No todo lo contrario. Ha realizado un trabajo encomiable. En donde la han puesto. Y donde ha llegado al culmen, como ejemplo, ha sido a cuenta del Centro de Deportes Náuticos de Tenerife o Cidemat para los que se ahorran tiempo y esfuerzos. La consejera nacionalista en una más que brillante intervención ha dejado claro lo que significa este gobierno insular y como dicen en esa China libre de covid, en los pequeños senderos están las grandes verdades.
Esa intervención dejó sin habla a la consejera de eso que todavía llaman Ciudadanos. Que no levantaba la cabeza y que agarraba compulsivamente el bolígrafo. Y no es para menos. Tres años para no hacer nada, para no pasar de un proyecto. Y ahí está la clave. Cosas que estaban y que ahora están así, en proyectos, en ideas, en buenas palabras pero pocos hechos. Esa es la marca como diría el poeta, el Cabildo de Pedro y Cía es una herida celeste e infernal que deja estigmas eternos.
Dichos estigmas salen de la mano de esta consejera, es decir, los saca a la luz y duele. Imaginen a todos los que han estado en ese Cidemat, dando el do de pecho y lo ven cerrado. Y Verónica Messeguer lo ha iluminado, lo ha sacado a pasear y de paso da una lección a quienes desde la pasividad que en este caso puede llevarnos a la incompetencia, la de una consejera que supuestamente gobierna. Lección que traslada a las áreas que le han tocado.
Otro frente ha sido el Circuito del Motor, donde su acción provocó el incendio que llevó a los de SIP a romper y de paso a perderlo todo, que fue esa enmienda de 5 millones que se puso y no los 700.000 pavos que querían meter, sin que se les cayera la cara de vergüenza. Y ahí estaba la consejera.
Y podríamos seguir. Caso Miradas Doc, caso Oye, toca y sal corriendo ante la ignominia. Una labor de quien ha madurado, que demuestra mañas y que seguro que es una opción, saludable por cierto, si llegara el caso que este pacto que ahora nos desgobierna, repitiera. Dios, que no es nacionalista, no lo quiera.