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¿Te has preguntado por qué las enfermedades mentales siguen siendo tan subestimadas pese a su creciente visibilidad? En su nueva nota, la Licenciada en Psicología María Alejandra de La Torre revela cómo nuestra cultura minimiza el sufrimiento emocional y qué podemos hacer para promover una visión más empática. ¡Descubre las claves para romper estigmas y comprender el verdadero impacto de los trastornos mentales en la sociedad!
Vivimos en una sociedad donde las enfermedades mentales, aunque cada vez más reconocidas, siguen siendo minimizadas. Muchas personas con ansiedad, depresión, burnout o trastornos más graves enfrentan juicios como “solo es cuestión de actitud”, “te falta carácter” o “todos tenemos problemas”. Esto refleja un enfoque cultural que subestima el impacto real de la salud mental y enfatiza la autosuficiencia extrema.
Desde la psicología cognitiva, sabemos que el sufrimiento mental no es solo una cuestión de voluntad. La tendencia a subestimar el sufrimiento ajeno está influenciada por ciertos sesgos cognitivos:
- Sesgo de atribución: Las personas tienden a explicar el sufrimiento de los demás como un fallo personal (falta de resiliencia o esfuerzo), en lugar de considerar factores externos como el estrés laboral, la precariedad o la falta de apoyo social.
- Falacia de control: Se sobrevalora la capacidad de cada individuo para cambiar su situación, ignorando las limitaciones estructurales (creer que podemos controlar todo en nuestra vida).
- Normas sociales implícitas: Expresar malestar emocional sigue estando estigmatizado, lo que conlleva la represión de las emociones y el silencio sobre el sufrimiento.

En realidad, los trastornos mentales tienen bases neurobiológicas y ambientales, y requieren atención especializada, no solo “pensar positivo”.

Desde la sociología, la salud mental se ignora o se ve como un obstáculo porque no encaja en una sociedad centrada en la eficiencia y el rendimiento. Se prioriza la funcionalidad de los individuos como trabajadores y consumidores, relegando el bienestar emocional a un segundo plano. Esto se refleja en la cultura del “hustle” (trabajar sin descanso como sinónimo de éxito).
El discurso dominante en muchas sociedades responsabiliza a las personas de su sufrimiento. Frases como “si quieres, puedes” o “todo está en tu mente” refuerzan la idea de que la solución es individual y que pedir ayuda es una señal de debilidad. Esta visión ignora los determinantes sociales de la salud mental, como la precariedad laboral, la desigualdad, la violencia o la falta de redes de apoyo.

Esto lleva a que quienes sufren ansiedad, depresión o agotamiento se sientan culpables por no “superarlo” rápidamente. La consecuencia es que muchas personas no buscan ayuda o se automedican para poder seguir funcionando en un sistema que no les permite parar.
El filósofo Byung-Chul Han habla del “sujeto de rendimiento”: una persona que se explota a sí misma creyendo que es libre, cuando en realidad está atrapada en una cultura de autoexigencia extrema. La depresión y la ansiedad surgen, en parte, debido a este modelo que exige cada vez más, sin considerar los límites humanos.
Este modelo ha generado una epidemia de trastornos de ansiedad y depresión, porque las personas sienten que no pueden permitirse descansar ni fracasar.

¿Cómo cambiar esta realidad?
- Estrategias sanitarias: Prevención del burnout.
- Educación emocional: Incluir la salud mental en la educación desde la infancia.
- Cambio cultural: Cuestionar la idea de que el éxito es solo productividad y promover espacios de descanso sin culpa y autocuidado.
- Empatía social: Dejar de responsabilizar individualmente a quienes sufren y entender la salud mental como un fenómeno colectivo.
María Alejandra de La Torre Zárate
Psicóloga Clínica Sanitaria T01695
Directora Centro MATZ
Psicóloga Clínica Unidad de Servicios Psicológicos Universidad de La Laguna
