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Con nuevas escenas, vestuario renovado y una puesta en escena más inmersiva, la representación de la Pasión transforma las calles del sur de Tenerife en un escenario de fe, arte y participación comunitaria.
Canariasenportada.com / Adeje
Cada año, Adeje se detiene, respira y se transforma. Las piedras centenarias de su Calle Grande se convierten en testigos silenciosos de una de las expresiones culturales más poderosas de la Semana Santa en Canarias: la representación de la Pasión, un evento que ha superado los límites de lo religioso para convertirse en una experiencia artística, social y emocional de alcance internacional.
En esta nueva edición, la Pasión regresa con un sello renovado que reafirma su vocación de mejora continua. Más de 300 intérpretes amateurs, junto a decenas de técnicos, personal de vestuario, maquillaje, escenografía y comunicación, han vuelto a unir fuerzas bajo la dirección escénica de Laura Marrero y la artística de Freya Jaén y Conrado Díaz. El resultado: un espectáculo que no solo impacta visualmente, sino que conmueve y transforma.
Entre las grandes novedades de este año, destacan el estreno de un realista escenario del Sanedrín, una emotiva escena inédita entre San Pedro y San Juan, así como mejoras evidentes en el vestuario —especialmente en los personajes femeninos de Herodes y Claudia— y un trabajo de atrezzo que enriquece cada rincón del recorrido. La calidad de los detalles eleva la representación a un nuevo nivel estético y simbólico.
Por segundo año consecutivo, el evento incorpora la Pasión de Inicio, una procesión que parte desde la Ermita de La Viña con el Nazareno del Perdón, culminando con un acto simbólico en la parroquia de Santa Úrsula, donde el párroco concede “la venia” para que comience la escenificación. Un gesto sencillo pero profundo, que conecta lo litúrgico con lo escénico.
La representación, dividida en 13 escenas clave, recorre la vida, juicio y muerte de Jesús, desde su entrada mesiánica hasta el entierro simbólico en la iglesia. Con una narrativa fluida, una musicalización más trabajada y momentos de gran intensidad como la crucifixión en la Plaza de España o el monólogo final de la Virgen María, la Pasión logra envolver al espectador y transportarlo al Jerusalén bíblico.
Más allá del evento en sí, lo que hace única a esta Pasión es su carácter profundamente comunitario y participativo. No hay grandes nombres ni estrellas: hay vecinos, estudiantes, jubilados, profesionales y voluntarios que dedican semanas a ensayar, coser, montar y coordinar. Todos suman. Todos creen en este proyecto como una forma de preservar la memoria, el arte y la espiritualidad en su sentido más amplio.
La retransmisión en directo por medios autonómicos y nacionales, junto a la cobertura online, confirma la dimensión de este fenómeno. Pero es en la emoción del público, en el silencio respetuoso de los asistentes, y en las lágrimas que brotan en los momentos clave, donde esta Pasión demuestra su verdadero poder.
Adeje no solo escenifica la historia más grande jamás contada. La vive. La honra. Y la transforma, año tras año, en un acto de arte colectivo que deja huella.