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Con 24 toneladas de arena del Tajogaite, Callao se transformó en un terrero improvisado donde El Saladar de Jandía venció al Candelaria de Mirca en una jornada histórica para el deporte vernáculo canario.
Canariasenportada.com / Madrid
Callao fue Canarias por un día. En una postal inédita, la emblemática plaza madrileña se convirtió este sábado en un terrero auténtico, con 24 toneladas de arena volcánica traída desde La Palma, para acoger la primera luchada oficial de lucha canaria en la España peninsular. Una cita histórica que unió tradición, identidad y emoción en el corazón de la capital.
El evento, organizado con un nivel de detalle que asombró tanto a locales como a turistas, congregó a miles de personas entre graderíos portátiles y banderas canarias, en una fiesta deportiva y cultural que no pasó desapercibida.
Una victoria simbólica y deportiva
En lo estrictamente deportivo, el equipo El Saladar de Jandía (Fuerteventura) se impuso por un ajustado 12-10 al Candelaria de Mirca (La Palma), en una luchada intensa, aplaudida en cada agarre por un público entregado. Pero más allá del resultado, el verdadero triunfo fue el del arraigo cultural que representa la lucha canaria y su capacidad para emocionar lejos de casa.
Arena del volcán para sembrar identidad
El simbolismo fue total. La arena negra que cubría el improvisado terrero procedía del volcán Tajogaite, cuyas cenizas devastaron parte de La Palma en 2021. Hoy, ese mismo material fue parte del escenario que llevó la identidad isleña a la capital del Estado.
“Podemos caer, podemos luchar, pero siempre nos levantamos con dignidad”, dijo emocionado el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, presente en el acto, aludiendo no solo al ritual de la lucha, sino también al espíritu de un pueblo que convierte cada caída en una oportunidad para abrazarse y seguir adelante.
Fiesta, folclore y orgullo isleño
Desde primera hora de la tarde, Callao fue invadida por isleños, muchos ataviados con trajes tradicionales, y por madrileños y turistas que, sorprendidos, se detuvieron a observar un espectáculo que desbordó autenticidad. No faltaron los sonidos de chácaras, los silbos, las papas arrugadas repartidas entre los asistentes, y las voces que coreaban: “¡Esto también es España!”.
El evento tuvo una clara intención: reivindicar la cultura y el deporte autóctono canario en un contexto nacional donde rara vez ocupan titulares. Y vaya si lo consiguieron. Los abrazos entre adversarios, la nobleza del gesto de sacudirse la arena tras cada caída, y la comunión entre público y luchadores dejaron una huella imborrable en la capital.
Un hito para la lucha… ¿y un primer paso?
Aunque la lucha canaria ha salido en otras ocasiones de las islas en formato de exhibición, esta fue la primera vez que una competición oficial pisaba territorio peninsular. Un logro que abre puertas y plantea retos: llevar este deporte ancestral más allá del archipiélago y acercarlo a nuevas generaciones y geografías.
Con la arena aún caliente sobre Callao, una cosa quedó clara: la lucha canaria tiene mucho que contar, y no piensa quedarse en silencio.